Libres pero presos






¿Tenían noticias, los amables lectores antes de publicarse la presente crónica, de la existencia de las naciones independientes de Kiribati, capital Tarawa y Nauru - este último, único caso sin capital oficial?

Por muy distantes y desconocidos para los venezolanos, incluido el cronista, son dos, apenas del total de territorios extranjeros en los que ya no pueden entrar, ni pisar, quienes han saqueado Venezuela.


La Organización Internacional de Policía Criminal, Interpol, por sus siglas en inglés, es la multilateral con más membresía del Planeta, porque totaliza 195 Estados afiliados (Naciones Unidas, para nosotros, la segunda más nutrida, registra, dos afiliados menos, es decir, 193).


Interpol, con tentáculos, en todo el Planeta, reserva los llamados, “alertas rojos”, para criminales peligrosos: Mafiosos, asesinos en serie, secuestradores, asaltantes bancarios, robacarros, minoristas de estupefacientes, azotes de barrio, pederastas. Gente “decente” si los comparamos con los duros del oficio. Quiere decir, los nadires entre los nadires, capaces de arrasar y desaparecer países enteros incluidos sus sufridos habitantes.


 Al contrario de los de color rojo que se publican en la respectiva página oficial, los “alertas azules”, para las capturas de los delincuentes non plus ultra, se mantienen en el más absoluto secreto. Todo para evitar preavisos, a quienes constituyen amenazas para la especie humana y la sustentabilidad de la Tierra.  


 Meses atrás, la estrategia funcionó. Gracias al hermetismo más severo se produjo la ansiada captura de uno de los prófugos más repugnantes de la Historia. Cierto sujeto que vendía y aspira seguir vendiendo, comida no apta para humanos. En específico, para “alimentar”, huerfanitos, ancianos, mujeres embarazadas, en general, para la ingesta de los venezolanos más depauperados, como si a éstos, les faltasen infortunios adicionales.  El viajero, a la postre frustrado, hizo toque técnico en un archipiélago del noroeste africano para repostar uno de sus superjets, todos, adquiridos a costa del vejamen compatriota y ¡zas! fue sorprendido, in fraganti, sin derecho a pataleo y extraditado, finalmente, al vituperado Imperio. En el preciso momento en que ustedes leen la presente crónica, el ahora recluso, hace gargarismos, para cantar a lo Pavarotti y con ello delatar, entre otros, a los Primeros y segundos de abordo de la llamada NarcoRobolución, sin faltar uno solo, del tropel de sinvergënzas, ministros, magistrados, parlamentarios, narcochulos, generalotes, el más Madrino, incluido.


Con pequeñas variaciones, eso mismo les ocurriría a todos los de tal calaña. De asomarse no  digamos a los muy lejanos Kiribati y Nauru, mencionados al comienzo, sino llegado el caso de sacar sus narices, dos centímetros apenas, más allá del aeropuerto internacional Maiquetía, irán de acompañantes del ya citado traficante de hambre.

Rusia, Cuba, México, Turquía y alguno que otro país similar, no son opciones. Sus desgobiernos, después de exprimir fugitivos, suelen echarlos al océano o negociarlos como trastos, en el primer cambalache que se les atraviese.


Tanto, prostituirse, con millones y “millonas” de moneda dura, para no disfrutarlos, donde más lo anhelan: el Primer Mundo,  en específico,  EE. UU., Orlando, Florida, para posar, como idiotas, con Mickey Mouse.     


Como ha quedado demostrado, esos narcocleptosátrapas,  están libres pero presos, a lo largo y ancho del territorio nacional. Que sigan aquí, en Venezuela, con ajustes, más humanitarios. Tres por cuatro metros. Digamos, 30 años. Algo es algo. Más pronto de lo que nadie se cree. 



@omarestacio  


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