Por Germán Carías/GCIDA2025®
Desde esta tribuna quiero expresar mi profundo dolor por lo que sucede en el país mas hermoso del planeta, Venezuela. Dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 en la escala de Ritcher, azotaron a Caracas y a La Guaira. Después habrían una veintena de réplicas y otro temblor con epicentro en La Colonia Tovar de menor intensidad. Las imágenes que nos llegaban eran dantescas, edificios colapsando como fichas de dominó, gente corriendo y gritando asustadas, personas heridas y cadáveres que emergían entre los escombros.
El miércoles 24 de junio amanecí con una gran nostalgia por mi país. Nos habían anunciado a través de la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica por sus siglas en inglés) que debíamos prepararnos para una tarde noche en Colorado, lugar en el cual vivo desde el año 2018, con 5 tormentas severas plagadas de tornados, hail y vientos huracanados. Ellos que son la autoridad sobre las condiciones del clima en los Estados Unidos, advertían que podría ser destructivo para varios condados de nuestro estado. Yo literalmente viví una pesadilla protegiendo a mi familia y monitoreando lo que sucedía en Venezuela. El hail que podría traducirse como granizo en español, es algo espantoso en los sitios donde hay frio extremo al haber cambios bruscos de temperatura en verano. Desde el cielo se desprenden a gran velocidad trozos de hielo que los estadounidenses clasifican en tamaños que van desde una moneda de 25 centavos a una naranja. En Fort Morgan nos cayó hail del tamaño de una pelota de béisbol. La tormenta destruyó vehículos, casas, negocios y hubo grandes inundaciones por las lluvias torrenciales.
Pero mi corazón compungido estaba con los venezolanos en esas horas aciagas. Es el peor cataclismo que ha ocurrido en nuestra patria. Al momento de escribir estas lineas los muertos ascendían a 920, cifra que podría aumentar al pasar de las horas, se han visto videos en las redes sociales, que muestran personas atrapadas en los escombros con vida, sin embargo seguro aparecerán cuerpos sin signos vitales también. Es triste ver las vicisitudes que hemos tenido que atravesar los venezolanos. Porque aunado a la fuerza de los terremotos, los nuevos inmuebles construidos en el país, por la forma en que se derrumbaron, son un claro ejemplo de la corrupción campante del gobierno hampón chavista. Aguantar tanto dolor como nos ha tocado a nosotros, es lo que ha hecho que seamos resilientes, echados para adelante, invencibles. Lo más importante somos una gran familia con una gran mamá, Venezuela.
Y más allá de los escombros está nuestro amor por Venezuela.
A mis hermanos venezolanos les digo con convicción y certeza que no están solos. Desde donde estemos en cualquier rincón del planeta los vamos a ayudar. Además que gracias a Dios, tenemos países amigos que colaboran en esa faena. Para nuestra madre Venezuela, luego de pedirle la bendición, le decimos que la amamos incondicionalmente y siempre velaremos por ella.
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