Dios salve a la Reina Isabel II


                                       La Reina Isabel II en el Jubileo de Plata de 1977. Foto Alamy Stock

Por Germán Carías/GCIDA2022®️


Nos alistábamos para dejar el Hotel El Coloso en Madrid. El Coloso ubicado en Leganitos 13 cerca del centro, el Museo del Prado y la Puerta del Sol nos acogió por 8 días. Corría el año 1977 y me había vuelto adicto a los cómics de Mortadelo y Filemón, El Botones Sacarino y 13 Rue del Percebe. Mi valija iba repleta de estos suplementos, que al lado de Mafalda, Salvador Gaviota, El Principito, El Hombre que Calculaba, Doña Bárbara, Cuando se Juzga a los Jueces, Cuando quiero llorar no lloro, La Iliada, Cien Años de Soledad, La Tía Julia y El Escribidor, Siddartha y El Viejo y el Mar entre otros,  engrosarían mi biblioteca.


Partiríamos hacia Londres aquella mañana nublada de otoño. Tengo que decir con mucha nostalgia al sentirnos como en casa. Pero duraría muy poco al aterrizar en el aeropuerto londinense. El Aeropuerto de Barajas en Madrid se empequeñeció ante el moderno terminal aéreo de Inglaterra. En ese país tendría dos vivencias que marcarían mi vida.


— Debes ducharte rápido porque nos esperan para entrevistar a Piñerúa Ordaz, decía papá con aquella voz de trueno.


Claro que yo no lo iba a entrevistar, pero lo que él quería, es que yo sintiera la presión del trabajo periodístico. Recuerdo cómo si fuese ayer, que mientras caía el agua sobre mi cabeza, trataba de poner en orden las preguntas que haría. Se trataba del candidato presidencial por Acción Democrática, que se enfrentaría a Luis Herrera Campins del partido COPEI. Para mis 14 años sin dudas era toda una aventura.


Primero papá llamó desde la habitación del Hotel Chesterfield Mayfair al Diario El Nacional. Luego bajamos a desayunar y antes de ir al sitio de la entrevista caminamos hasta la Carnaby Street. La primera vez que subí a un taxi londinense fue memorable. Eran unos carros negros estilo limosina con unos taxímetros enormes. Pero lo que más me impactó sin dudas fue ver manejar al chofer del lado derecho. 


— Soy el periodista Germán Carías y el Señor Piñerúa Ordaz nos espera para una entrevista, afirmó papá mientras blandía su pipa.


Luego que llamaron para corroborar nos anunciaron que esperáramos en el lobby. Llegaron dos personas bien trajeadas que nos dijeron que los siguiéramos. En el ascensor que se deslizaba sigiloso y con ambiente musical, llegamos a una habitación amplia llena de espejos. En una silla estilo Luis XV esperaba Piñerúa Ordaz. Se levantó y con finos modales saludó. Ordaz enjuto, estatura pequeña y voz acartonada, nos ofreció café y unas galletas dulces.


Las preguntas que papá hizo al candidato en algún momento lo pusieron en aprietos. Es el trabajo del periodista cuestionar con sagacidad, agudeza e inteligencia. Sin dudas papá dijo entrelíneas que Ordaz no tenía chance de vencer a Herrera Campins. Y así fue. Luis Piñerúa Ordaz quien fue diputado en el Congreso Nacional de Venezuela, Gobernador de Monagas y Ministro de Relaciones Interiores en el segundo período presidencial de Carlos Andrés. No era carismático y según algunos hasta gris.


Y entre apretones de manos y abrazos nos despedimos.


Ya en nuestro hotel reconstruía en mi mente la entrevista. Cierto, yo no hice preguntas mejor dicho ni hablé, pero sentí como si así hubiese sucedido. No sabía que aquel encuentro despertaba en mi el periodista en ciernes. Aunque todavía faltaba lo mejor.


El día siguiente me esperaba una sorpresa, debo decir, que sería una de las experiencias más impactantes. Estábamos rumbo al Palacio de Buckingham, veríamos el cambio de Guardia Real. Sin embargo no sería lo más interesante que observaríamos. La Reina Isabel II estaba en el punto álgido de su popularidad, al implementar las celebraciones del Jubileo de Plata. El país se engalanó de rojo, azul y blanco en fiestas callejeras al estilo del Día de La Victoria. Además Isabel II aprovechaba de mezclarse con la gente, lo hacía de improvisto sin que los medios pudiesen enterarse. Quedé petrificado al ver a esa hermosa y elegante mujer, la tenía tan cerca y lejos por la muchedumbre. Sin embargo logré escabullirme y pude verla en primera fila. Fue algo espectacular.


Luego que culminó nuestra visita a Buckingham y el encuentro con la Reina Isabel II. Recorrimos las calles londinenses y nos acercamos al legendario Big Ben. Pero luego de ver a la Reina ya nada nos parecía importante. De regreso en el hotel, papá, se puso a escribir como era su costumbre fumando su pipa. Me alcanzó hojas blancas y me pidió que escribiera en orden todo lo que recordaba del encuentro con la Reina. Y así fue que redacté mi primera crónica. Seguro estoy que no fue un trabajo limpio, pero me ayudó a descubrir mi vocación. En Londres supe que quería ser periodista. 


El mundo está conmocionado con la muerte de la Reina Isabel II y claro está yo también. Pero la recuerdo con cariño por ese encuentro fortuito que me enseñó mi futuro. Dios salve a la Reina.

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