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jueves, 5 de noviembre de 2026

El duodecenio más nefasto de EE. UU..

 



Omar Jesús Estacio


El martes pasado, comenzó el desmontaje -–esperamos que para siempre— del duodecenio más nefasto en la historia Presidencial de los Estados Unidos de América.

Cuando se hace el ranking de los peores jefes de Estado que ha tenido la Primera Potencia del Mundo, algunas instituciones (cfr. Siena College, C-SPAN entre otras)  colocan en ese orden a James Buchanan (1857-1861), Andrew Johnson (1865-1869); Franklin Pierce (1853-1857); Warren G. Hardin (1921-1923) y la primera presidencia del señor Donald J. Trump (2017-2021).

    Al menos nosotros, no hemos conseguido, anterior a la presente, ninguna clasificación de los peores doce años consecutivos, sin solución de continuidad, unos tras otros, nadires tras nadires, al frente de tamañas responsabilidades.

Opinamos que los más nefandos tres lustros consecutivos o duodecenio de la política norteamericana, han sido los del 45º presidente de EE. UU., señor  Donald J. Trump (2017–2021); seguido por el 46º Presidente, señor Joseph Biden (2021-2025), para culminar con el 47º presidente, es decir, otra vez el señor Donald J. Trump desde 2025 hasta 2029 o quien sabe si antes, aunque nadie desea la ruptura del respectivo hilo constitucional.

Suele afirmarse, que lo que más irrita al votante de Estados Unidos –y quizás del Mundo entero— es el alza del costo de la vida. “It´s the economy, stupid” es frase que ha pasado a la posteridad, acuñada por James Carville, estratega político del entonces candidato Bill Clinton, en la campaña presidencial de 1992.

La derrota frente al señor Biden en las elecciones de noviembre de 2020 la generó, en buena medida, incapacidad del entonces presidente Trump para manejar la pandemia de coronavirus con la subsiguiente pérdida masiva de empleos y deterioro de la situación económica; el descalabro de noviembre de 2024 de la candidatura de la señora Kamala Harrys, reflejo del repudió mayoritario a la presidencia del señor Biden, aparte de su desastrosa política de fronteras abiertas, respondió al encarecimiento de la vivienda, los alimentos, de los bienes y servicios en general, por lo que los votantes castigaron inmisericordes en las urnas al Partido Demócrata al comprobar que la situación financiera era peor que los ocho años anteriores.

En cuanto de la debacle en los sufragios del martes pasado, “por goleada” del Partido Repúblicano, incluido el señor Trump, a causa de la  inflación, se agregaron, los indicios de corrupción de este último; del supuesto tráfico de influencia de sus familiares y amigotes; de los imperdonables abusos del ICE; a causa de sus vinculaciones con tipejos, Putin, Epstein, Ellon Musk incluidos, pasando por las justificadas preocupaciones por sus posibles demencia y narcisismo senil.

  Tres presidencias funestas, una tras las otras, han puesto a prueba el vigor del checks and balances que es baluarte de la democracia de EE. UU., que de nuevo ha prevalecido. Los dos años que faltan para cerrar el nefasto duodecenio (2017-2029) presagian gran tensión, entre las ansias de Justicia con los consiguientes castigos ejemplares por los posibles ilícitos y las urgencias de reconciliación, tolerancia, de respeto al adversario político, en el sistema de gobierno menos imperfecto del Mundo. Dios quiera que en la sanación, prevalezca esto último.

En cuanto a los venezolanos, en concreto, nos  corresponde beneficiarnos de los aciertos del señor Trump,  previo los agradecimientos del caso,  sin dejar de deslindarnos de sus evidentes equivocaciones, vaya usted a saber los motivos. Lo  que equivale a continuar demandando la prosecución de los juicios e investigaciones apegadas al debido proceso contra los esposos Maduro-Flores, coautores, cómplices, testaferros, por una parte, y por la otra, insistir ante la nueva conformación del parlamento norteamericano en elecciones libres, en Venezuela ¡Ya! De manera inmediata. Sin subterfugios, dilaciones, excusas, ni farsas de diálogos entre gente que no representa a nadie y que lo único que persigue es ganar tiempo o quizás cosas peores. 

    @omarestacio

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