Por Germán Carías/GCIDA2025®
México es un país que ama el fútbol pero a sus futbolistas les falta talento. Los aztecas se sentían emocionados y pensaban que podían ser campeones del mundo. Aunque yo advertía en mis columnas que seguían jugando a lo mismo, a nada. En octavos de final se enfrentaban a Inglaterra, que línea por línea era muy superior al equipo mexicano, pero los dirigidos por el Vasco Aguirre, argumentaban que estaban en casa, que la altura de México los favorecía y que mantenían su arco sin recibir goles con una defensa estupenda. Una tesis que solamente florecía en las cabezas afiebradas de los fanáticos exacerbados por los medios mexicanos, donde pululan gurús y babalaos, que para mantener el rating mienten al fiel aficionado de México.
Los ingleses se plantaron bien a pesar de los gritos homofóbicos de las gradas cada vez que sacaba el portero Pickford. Además pitaron un penalti a favor del equipo mexicano que no existió. Y por si fuese poco expulsaron a un jugador ingles en el minuto 54’. Pero nada detuvo a la selección de Inglaterra, que con doblete de Bellingham, lo ganaba al minuto 38’ 2-0. Luego los aztecas antes del descanso del primer tiempo se acercaron 2-1, con un zapatazo de volea de Quiñones al minuto 42’. Iniciadas las hostilidades en el segundo periodo los ingleses dominaban y Anthony Gordon, se llevaba el balón solo ante el portero Tala Rangel, que le cometió penal al llevárselo por delante. Harry Kane al minuto 60’ cambió la pena máxima por gol para poner el marcador 3-1. Sin embargo el VAR, se inventó un penal que no existió, al mostrar una imagen de una supuesta patada de Kane, al futbolista mexicano Gutiérrez. Algo absurdo porque los dos iban por el balón y el mexicano atravesó su pierna para que Harry hiciese el contacto. Raúl Jimenez cambio el penalti por gol al minuto 69’ para poner el marcador final de 3-2.
Inglaterra ganó bien y se impuso con autoridad a pesar de enfrentar tantas adversidades. México pecó de soberbio al decir en todos los medios impresos, radio y televisión , que le ganarían a los ingleses en el Estadio Azteca porque según ellos son invencibles, pero se dieron cuenta que si llega un equipo superior pues les toca perder. Ahora los fanáticos tendrán que esperar cuatro años para volver a decir que serán campeones del mundo, porque eso les dicen los periodistas deportivos mexicanos, que trabajan en televisoras que son las dueñas de la selección mexicana de fútbol. El mexicano no ha entendido que los usan para ilusionarlos compren entradas, publicidad, mercancía y para los ansiados ratings. México que decía ser el gran anfitrión se despide del Mundial Estados Unidos 2026, por la puerta de atrás. Al final resultó ser: ¡Y si, no! México ama el fútbol pero sus futbolistas no tienen talento.
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