Cuando ustedes, apreciados lectores, ojeen los presentes comentarios, Rodrigo Roa Duterte, expresidente de Filipinas, ya estará instalado, no muy cómodamente, en la penitenciarÃa de Scheveningen, La Haya, Reino de los PaÃses Bajos, a escaso kilómetro y medio de la sede de la Corte Penal Internacional, CPI..
Contra Roa Duterte, pesa orden de arresto librada el siete de este mes por la Sala Primera de Cuestiones Preliminares de la referida Corte, por la presunta comisión de crÃmenes conexos con su brutal guerra contra las drogas mientras fue, en sus inicios, alcalde de la ciudad de Dabao y después, presidente de Filipinas.
Dado que en ciertos casos eran de improbable acatamiento por los Estados destinatarios, determinadas órdenes de captura de la CPI, no pasaron de “saludos a la bandera” para alegrar al graderÃo: V.gr.: las libradas contra, Omar Al Bashir (Sudán), contra Vladimir Putin (Federación Rusa), contra Benjamin Netanyahu y Yoav Gallant su exministro de Defensa (Israel), contra Yoav Gallant, lÃder la organización islamista sunita nacionalista palestina, Hamás.
Para desgracia de Duterte, la acérrima rivalidad surgida entre su hija y Vicepresidenta de Filipinas, Sara Duterte y el actual Presidente, de ese paÃs, Ferdinand Marco, “El Junior”, éste, muy gozoso lo capturó y envió a la CPI.
Según la referida Sala de Cuestiones Preliminares existen indicios, plurales y vehementes que el hoy recluso, impuso lÃnea de conducta o polÃtica de Estado contra la población civil durante su trayectoria como funcionario público.
La orden fue “neutralizar” a quienes fueran percibidos como presuntos narcotraficantes. El fin último no dejaba de ser noble: “combatir el delito”. Los medios, la “eliminación de criminales de forma muy encubierta y secreta” sin apegarse a las medidas básicas de aplicación de la ley o las investigaciones, resultaron nefastas y aquà llegamos adonde no quisiéramos haber llegado:
Que comparado, con sus pares que usurpan el Poder en mi dolida Patria, Rodrigo Duterte, es un “angelito”, un “Niño Jesús”. Por lo menos, el expresidente de Filipinas no ha sido acusado de asociarse con narcotraficantes y de paso, entregarles yacimientos de oro en el Arco Minero. Ni por cederles parte de nuestra soberanÃa, para instarlar sus campamentos del horror. Ni de trampear procesos electorales.
En dictamen del pasado 22 de noviembre la valerosa titular de la Oficina de Protección de las VÃctimas, de la propia CPI, Paolina Massida, expresó grave preocupación “por la falta de progreso visible en la investigación del expediente ´Venezuela I' mientras que el Fiscal (es decir, el nefando, Karim Kahn) continuó alentando la llamada ´complementariedad positiva', a contravÃa del inequÃvoco pronunciamiento de la Sala de Apelaciones de la CPI., en el sentido que, las autoridades judiciales nacionales no tienen la voluntad de emprender investigaciones y/o enjuiciamientos imparciales” de los horrendos crÃmenes perpetrados por los narcotiranos locales.
Tal “complementariedad”, que tanto fomenta el mencionado Fiscal Jefe, no es más que remitirle al TSJ, que despacha en la esquina de Dos Pilitas, de la avenida Baralt, el conocimiento del referido expediente sustanciado ante la CPI.. Eso y la impunidad absoluta de crÃmenes aberrantes, son sinónimos.
Las vÃctimas, en particular, y la comunidad en general, decente aunque sea a medias, no se conforman con sardinas. Exigen la captura y enjuiciamiento de los verdaderos peces gordos de los delitos de lesa humanidad.
La escandalosa colusión del Fiscal Jefe de la CPI y su cuñada, supuesta abogada de los perpetradores más depravados debe cesar. La seguiremos desalentando en toda forma de derecho.
@omarestacio

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